miércoles, 22 de junio de 2016

Luces y perfección

1- Tres finales en años consecutivos. Un mundial. Dos Copas América, y la certificación de que esta generación merece un título. Porque las finales pueden ser circunstanciales, pero la competitividad continua en la élite, no. Nueve duelos de eliminación directa en los últimos tres años: Cinco triunfos, tres empates, y una sola derrota – Aquella de Gotze al 113’ en el Maracaná – y el aroma a revancha paseándose por las calles de Nueva York.

2-    Martino aprendió la lección contra Venezuela. Y corrigió. Salteó la ubicación en la cancha de Mascherano, colocándolo en medio de los centrales al momento de elaborar, evitando el 2vs2 que tanto le hizo daño en los cuartos de finales. Este movimiento táctico, le otorgó un premio aparte al colectivo, tener el primer pase limpio en todo el encuentro. El revoleo constante de Romero no existió. Y Argentina creció en utilización óptima de los espacios.

3-    Estados Unidos se presentó desnudo ante su gente. Con más coraje utópico que fútbol. Sin el pegamento que unía las transiciones (Jermaine Jones), y sin el talentoso que cambiase el ritmo en los últimos 20 metros (Alex Woods), no había ningún fundamento que le permitiese a los anfitriones competir, y menos si lidiaban con la versión albiceleste más parecida a aquella mágica que inventó Bielsa al final de los noventas.

4-    Leo Messi consiguió en Marco Rojo su aliado perfecto. Lo más parecido a Dani Alves que podrá tener en la albiceleste. El lateral izquierdo entiende la ley ‘Devuélvesela a Messi’ a la perfección, sus desmarques de ruptura y la ‘colgadita culé’, sacaron de quicio a un inocente Yedlin que estuvo dos segundos retrasados en cada aventura de Rojo.

5-    La pausa que Banega da en la construcción explica en buena parte las recuperaciones inmediatas de Argentina. Augusto y Mascherano flotaban en la zona media, secando a la versión más deprimida de Bradley, y a un Beckerman que corría y corría, y le era imposible rozar el cuero. Dominio aplastante en todos los aspectos de juego. El dinamismo y la precisión en la fase ofensiva fueron la gran noticia de la noche.

6-    La peor noticia es que aun restan dos años para el Mundial. La confección del plantel de Martino obliga a la competencia. Biglia será titular en la final – Una vez más - , y Di María, capaz también lo sea. Todos quieren competir. Sacarse la mufa, y acabar con estos larguísimos 23 años que han tambaleado la identidad ganadora argentina. Sería una daga en el corazón no conquistar Nueva York.
  
Y 7- ‘El clan de la fe’ firmó la presentación que consolida a un ciclo que pone a Messi como Alfa y Omega. Imposible fallar. El gol de tiro libre es la metáfora perfecta del transitar argentino en este torneo. Lúcidos, sedientos y con la responsabilidad de desnudar al periodismo que engrandece las derrotas por encima del proceso, y de tatuar la gloria en el corazón de un grupo que lo merece todo. 

 Geoff I. Hernández

domingo, 19 de junio de 2016

La Jerarquía de ser más...



   1- En el post anterior, alabábamos, la habilidad que tuvo el técnico venezolano de restituir la capacidad competitiva en un margen de tiempo, relativamente, corto. Sus fundamentos – Presión coordinada en las tres zonas, sentido en la elaboración y sobre todo, Peñaranda – imprimían un envión de seriedad que le daba color a la víspera de los cuartos de finales. Messi, Martino y Mascherano, intuían problemas si el muchacho del Granada lograba tener espacios para correr al recuperar el balón.

2-   Pero Peñaranda se lesionó en el calentamiento precompetitivo, y a partir de ahí, no paró de llover en la cantina vinotinto. El dilema inesperado empujaba a Dudamel, a tomar la segunda gran decisión del torneo. ¿Mantener la fidelidad a los recursos de sangre nueva que ya funcionaron (Del Valle-Velázquez-Añor)  o recostar en la experiencia el ritmo del partido (Seijas-Vizcarrondo)? Las respuestas a esas interrogantes, hundieron a la selección venezolana antes del pitazo inicial.

3-    Argentina, en la otra acera, interpretó a la perfección el fruto de las inseguridades con las que ingresó Venezuela a la cancha. Messi, fue el wing derecho que conquistó la Copa del Rey 2015 frente al Athletic. Libre, con cuatro y hasta cinco opciones de pase, y sin ningún sistema defensivo contrario que le tropezase al momento de elegir a quién pasar la pelota. Con la soberanía de su don en el máximo esplendor nació el 1-0. Alley-oop homenaje a Riquelme, y definición grosera de Higuain.

4-   La selección de Dudamel seguía con un pánico escénico que eclipsaba cualquier opción de igualar las acciones. No hilvanaban dos pases seguidos, y la estructura táctica de sus zonas estaba rota. Libra por libra, la diferencia era mucha. El oficio llevó a la albiceleste a un lugar de superioridad, que en realidad no era tan dramática. Efecto Placebo. Y aunque suene paradójico, ha sido la presentación albiceleste más irregular desde el aspecto defensivo y la más dependiente del error rival que se ha visto en toda la Copa. El 2-0 antes de la primera media hora, confirmaba a vox populi, que Venezuela aún no aterrizaba en Boston. Error grotesco de Figuera, de esos que te sacan de los mundiales y de las copas.

5-   Hasta que llegó el lapso de la resurrección. Un error en salida de Romero-Mascherano, producto a la presión alta de Figuera, le brindó a Rondón la primera ocasión clara de gol. Los siguientes quince minutos fueron un festival de fútbol sustentado en el adelantamiento de las líneas, la sobrenaturalidad de Rondón y en la presión ejercida sobre Banega. Y es ahí, donde no se puede ocultar la verdad. Una decisión actitudinal del colectivo, y el retorno a los recursos que atrajeron el éxito en la primera ronda del torneo, obligó a la principal candidata, a protegerse contra las cuerdas.

6-   Venezuela tardó 35 minutos para creer que podía herir a su rival. Y si le das ese obsequio a Messi y su clan de la fe. Seguro lo pagarás caro. Con todo y eso, Rondón – Quien destronó a placer a Otamendi las veces que quiso – ya había firmado el vertical izquierdo y exigido al máximo a Romero, el Salvador. Quince minutos que sacaron lo peor de la Argentina de Martino. Y que daban la guinda al pastel, con el penal que terminaría de sentenciar el desarrollo de esta llave.

7-   Juzgar es acusar sin fundamento. Y en el caso Seijas no es un pecado señalar que el contexto del partido no estaba para ningún acto de irresponsabilidad. Errar en la toma de decisiones es otra forma de destruir el esfuerzo colectivo. ¿Cómo verle los ojos a tus compañeros sin sentir culpabilidad? Romero, atajó  sonrió y agradeció a su Scout por haberle indicado el camino a la semifinales.

8-   El capítulo complementario solo sirvió para observar la transición de la Argentina de Biglia – La que subcampeonó en Brasil y Chile – a la Argentina de Banega – La que probablemente, gane la copa -, Messi seguiría su luna de miel en el torneo, y se cargaría el record de Batitusta. Martino, reafirmaba la corriente táctica de sustituir el 4-3-3, por el 4-3-1-2 en las segundas mitades, y para que Nico Gaitán se graduase como ese obrero silencioso que le facilita el escenario a sus superiores. Un indispensable en este nuevo grupo.

9-   En Venezuela, es ahora o nunca. O se le permite a esta renaciente generación dictar las nuevas formas de competencia, y terminar así sepultando de una vez por todas,  esos vicios trajeados de errores que han manchado los momentos críticos de nuestra historia o el temor seguirá siendo el estandarte que nos represente y nos arroje a ese vaivén futbolístico que ha impedido el verdadero despertar. Esta generación tiene todo para ser exitosa. Tiene el don y tiene el líder. ¿Se tendrá el empuje necesario para transformar el plantel? Veremos.

Y 10– 'El Clan de la fe', va contra Estados Unidos. O lo que es lo mismo. Irá preparando su arsenal, hacia la penúltima conquista antes del Campeonato. ¿Cómo dudar de un equipo que ha visto la gloria escurrírsele de las manos dos veces en menos de tres años, y aún no se rinde? La jerarquía es la coraza de protección que separa a los campeones de los competidores. Siempre será así. La jerarquía de ser más.

Geoff I. Hernández

martes, 14 de junio de 2016

Sellados para competir

1- Venezuela vuelve a tener un equipo. Y esa es la gran noticia de la Copa América. Porque cuando se tiene un equipo, los imposibles se evaporan. Anoche en Houston, el sello aprobatorio de la competitividad abrazó al once vinotinto. Con cuatro variantes obligadas, y enfrentando a una de las candidatas, se vio la versión más fiable de la corta Era Dudamel. Todos manejando un mismo lenguaje y funcionando a través del mismo código. La competencia.

2-La primera batalla se situó en el círculo central. Guardado-Herrera contra Rincón-Seijas, quien se impusiese, manejaría los hilos del primer tiempo. México apostaba a la salida lavolpiana como primer recurso, mientras que los nuestros, estaban listos para cortar los circuitos de creación aztecas, y obligarlos al revoleo. En las segundas jugadas estaba el génesis del dominio nacional. Y así ocurrió. La presión asfixiante de la dupleta Del Valle-Santos, no le permitió a Reyes ni a Moreno, conectarse con los jugones del tri. Todo banda. Todo revoleo.

3-Esto empujó el partido al escenario que más favorecía a Venezuela, la puja por las bandas. En cada minuto que pasa, pareciese notarse más la tinta de Dudamel en el 2x1. Lobo-González y Peñaranda-Felstcher. México chocaba con esos muros, una y otra vez, y la contra era el principal recurso de los vestidos de amarillo. La velocidad de Del Valle, desnudaba a Torres Nilo y a Moreno, que se intercalaban para proteger todos los metros que había en sus espaldas. Pero no bastó.

4-En una de las transiciones exitosas de Venezuela, se produjo el córner que embriagaría de gloria a José Manuel Velázquez. Definiendo a lo Zidane. Y escribiendo su nombre en la riña por la titularidad en la pareja de centrales. Eso que tanto deseábamos. Cuatro centrales de calidad demostrada que permitiese al técnico, ajustarse a la necesidad de los partidos. Santos, en la única inserción peligrosa en la fase ofensiva, habilitó a Velázquez, y un juego nuevo iniciaría.

5-México no salía del asombro. Le costaba procesar la rigurosidad con la que Venezuela ejecutaba su plan de trabajo y secaba el que propuso Osorio. Por primera vez en el torneo, las grietas se ampliaban, y el tri era superado. La posesión improductiva, y los errores no forzados, hacían crecer a los sudamericanos. Del Valle, tuvo el posible 0-2. Le faltó comba. El panorama era inmejorable. Hasta que se lesionó Aquino.

6-Corona lo sustituyó, y a partir de eso, todo fue a mejor para México. Su irreverencia, gambeta y diagonales, reestablecieron la confianza en el bloque ofensivo. Herrera salió del círculo central y se convirtió en su escudo protector. Su primer pase. Y la naturaleza rítmica del juego, llevó a Venezuela a irse retrasando. Lo que les complicaba la salida. Y les alejaba el arco. Dani Hernández, terminó siendo el héroe, y el 0-1 se mantenía el en marcador.

7-En la segunda parte, México añadiría a Layún, y aumentaría la presión en ataque. Ya era por todos los sectores, lo que exigió al máximo a Felstcher y a González, quienes lograron superar a Corona y a Lozano en el uno contra uno. La diferencia estuvo en la libertad que tenía Guardado. Rincón se fue a proteger las bandas, y Seijas a anticipar. Lo que facilitó el crecimiento futbolístico del tri.

8-Venezuela aguantó el temblor. Y superó los 75 minutos con la ventaja. Dudamel entendió que a medida que avanzase el reloj, México dejaría espacios, y se abocaría al empate. Por eso, Josef fue el primer cambio y Salomón el segundo. La misma dosis de Uruguay. El detalle, estuvo en que los charrúas no tuvieron a nadie que activase el botón de lo sobrenatural para alcanzar el arco de Hernández, como lo hizo Corona. Gol de Play Station.

9- Adalberto Peñaranda, Alejandro Guerra y Rolf Felstcher fueron los mejores de Venezuela. Ningún escenario parece estremecerlos. Houston era una plaza vital para medir la inteligencia emocional de los nuevos activos nacionales. Aprobaron y con buena calificación. El resultado entregó lo que se vio en la cancha. Justicia. El empate le permite a México – Exceptuando una hecatombe – esquivar al gran favorito, la Argentina de Messi. Osorio sigue invicto.

10-¿Quién puede reprocharle algo a estos muchachos? ¿Cuál es la línea que divide el éxito del fracaso? ¿Cuáles serán los lentes con los que se analizará el partido del próximo sábado en Boston? ¿Se tienen las armas necesarias para frenar al ‘Clan de la fe’? ¿Rincón-Figuera vs Augusto-Mascherano?, ¿Peñaranda vs Mercado? ¿Lobo vs Rojo? ¿Rondón-Josef vs Funes Mori – Otamendi?, ¿Cómo Dudamel podrá detener a Messi por 90’?

11-¿Quién puede dar respuestas a todas estas interrogantes?

Geoff I. Hernández

sábado, 11 de junio de 2016

Ganar es el método



    1-   Partido picante. De un despliegue físico más imponente que el debut frente a Chile. Argentina competía ante su ‘Nigeria’ de América – Como en Brasil- . Por eso era inimaginable añadir a Leo, a la alineación inicial. Mucho golpe. Mucha fricción. La velocidad al momento de circular la pelota sería la llave para destrabar el marcador temprano. Y Banega era la pieza encargada de aceitar la zona de gestación. Panamá, por su parte, sabía que la paliza que debía darse para cortar los circuitos tenía que rozar la perfección si soñaban con arrancar algún punto.

2-    Y así ocurrió. Panamá escondió cualquier complejo y se tomó en serio la misión de correr. Olvidar la estética y meter la pierna. Correr y correr, mientras que Mascherano era el rostro que más se veía en cámara – Cosa no muy esperada en esta era Martino -. El gol de Otamendi fue un accidente que activó el momentum más sólido de la escuadra centroamericana. Pimentel se mostró agraciado en la conducción, logrando sacar de su espació de comodidad a un Banega que conseguía libertad como interior por la izquierda. Augusto se quedaba junto a Mascherano rompiendo todo por el centro.

3-    Sin dudas, el desarrollo del partido fue un retroceso en el funcionamiento colectivo. Aunque en este tipo de competencias no basta lucir. Hay que saber ganar los choques de distintas índoles. Las exigencias que plasmó Bolillo Gómez en su escuadra, fueron bien interpretadas por Argentina. Antes de romperse Di María, su participación no irradió. Como el equipo en general. Pero, Higuain sí mostró su capacidad de espalda al arco. Siendo el desahogo hacia las bandas. Gaitan y Di María se beneficiaron del sacrificio del ‘Capo Di Napoles’. Su némesis sigue siendo la barrera psicológica que le impide tomar la decisión para definir en el momento preciso. No es futbolístico. Es meramente mental. Y ese trabajo es del cuerpo técnico.

4-    Panamá compitió en el aspecto defensivo a nivel del torneo. No así en la ofensiva. Blas Pérez deambulaba esperando algún chispazo de Quintero o Godoy, quienes permanecían más atentos a las ayudas en transiciones que a la elaboración. En sus armas supo crecer. Lástima que la imprudencia de Godoy terminase con cualquier posibilidad real de emparejar el resultado.

5-    Transcurrían los minutos del segundo tiempo, y el partido se iba convirtiendo en una peligrosa y aburrida sesión de entrenamiento. Argentina dominaba el balón y los ritmos y Panamá esperaba la oportunidad que siempre se les da a los  equipos chicos cuando enfrentan a los gigantes. 1-0 era un marcador demasiado corto, como para darle un espacio a la duda y Martino por eso llamó al mejor de todos los tiempos. El único que con su presencia es capaz de espantar y resquebrajar cualquier sistema. El antídoto del aburrimiento.

6-    Y solo bastó media hora para que Messi desnudase al placer las falencias de Panamá. Hat-trick. Omnipresencia. Aciertos en todas su participaciones, y  lo más importante, la identidad de cuál será su función en esta Argentina. Por el centro, detrás de Higuain, y a la misma línea de los aleros. Un Messi muy Riquelme. No más Leo de wing derecho. Al menos hasta que se coloque la blaugrana.

Y 7- Seis de seis. Aún queda Bolivia. Y Argentina saldrá con la misión de asegurar el primer puesto, y es que nadie puede negar que Martino y compañía suspiraran al ver el triunfo de Venezuela sobre Uruguay. El fantasma del 2011 no retornaría a su casa – Al menos esta vez -. El horizonte dibuja un enfrentamiento: Venezuela vs Argentina en cuartos de final. 

Geoff I. Hernández

viernes, 10 de junio de 2016

Creyentes de un nuevo tiempo




     1- Los noventa minutos contra Uruguay significaron mucho más allá que un triunfo o una clasificación. Su principal análisis debe ser la demostración plena que la angustia de la Era Sanvicente, nunca fue futbolística. El talento siempre estuvo, está y estará. Y allí se afirma la belleza de este deporte, que no solo de talento vivirá un equipo, sino de la gestión y sindéresis ejercida por el líder. Los mismos zarandeados por Chile, y Ecuador, eliminaron al actual líder de Eliminatorias y octava mejor selección del mundo. Fútbol. Radiografía de lo inexplicable.

2-    Llegaba el tiempo de la primera gran decisión de Rafael Dudamel como gerente de un grupo que ha rozado la gloria e ido al infierno mismo en menos de tres años. Peñaranda – Representante de la nueva raza – sustituía a Seijas – Capitán de los días de gloria -. Movimiento inteligente y ofensivo que dictaminaría el ritmo de la conquista. Pero, dejemos por un instante la ejecución al lado. Y  usemos la retórica: ¿Cómo Dudamel sanó en tan poco tiempo las heridas de un equipo roto en espíritu y en competencia? ¿Cuál es su verdadero nivel de influencia en la gerencia de un grupo de jugadores de altísimo nivel que desean revertir las derrotas del ayer? Un misterio digno de ser anunciado.

3-    Uruguay hizo cuatro variantes en su alineación. Donde las fichas a observar serían los ‘Gastones’. Uno – Ramírez -  tendría la obligación de darle sentido de orientación a un equipo que dejó de jugar al fútbol y se entregó únicamente a la intensidad. Y el otro – Silva – se encargaría de cubrir la zona derecha, donde el trío Guerra-Rosales y Peñaranda cuando se permutase, construirían la ofensiva llanera. Ninguno de los ingresados aportó sentido de mejora en la escuadra ‘Charrúa’. Diluidos y sometidos por dos bloques compactos que secuestraron y anidaron sus camisetas vinotintas en todos los sectores del campo.

4-    El primer tiempo fue una partida de Ajedrez hasta el gol de Salomón. Posesión del balón igualada. Venezuela mostrando rebeldía, y Uruguay refugiándose en las temporizaciones, coberturas y en Godín y Giménez, como respuesta a la sorpresa del planteo rival. Con ritmo en ambos lados del campo y muy atractivo a la vista. No había diferencias visibles y solo un  momento mágico parecía ser el camino para abrir el marcador, y allí apareció Alejandro Guerra, con ese don inequívoco de decidir correctamente y ejecutar con la delicia de los escogidos. Firmando un disparo de 40 metros que terminaría en el horizontal que resguardaba Muslera. El resto es historia. Rebote y sentido de ubicación del Gladiador. 0-1.


5-    Arquímedes Figuera sigue siendo el escudo del General. Entendió su papel secundario, y a partir del despliegue físico y las ayudas a los laterales, encontró su radio de acción. Equilibrio y aporte físico para un mediocampo vinotinto que tiene en Tomás Rincón el segundo pase limpio. El capitán no tuvo su partido más cómodo. Y era lógico. Arévalo Ríos y Sánchez eran el muro que entorpecería cada asociación hacia las bandas. No fue hasta el segundo tiempo, cuando se rompiese el encuentro, que Rincón influyese en las posesiones. Su trabajo de anticipación y de ayudas a los centrales fue espectacular.

6-    Adalberto Peñaranda. El protagonista de una noche inolvidable. El próximo crack sudamericano. El destino ya lo decidió. Y por suerte, nació en nuestra tierra. Tiene todo los argumentos técnicos y tácticos para triunfar en el fútbol élite. Ayer acertó en todo, hasta en sus imprecisiones y nervios. Encaró a Uruguay como si fuese una partida del barrio. Irreverente, solidario en defensa, y con una coordinación en el manejo de balón tan llamativa, que era inevitable no imaginarlo como víctima de la frustración uruguaya. Tuvo dos ocasiones para matar la partida. No lo logró. ¿Y qué importa? Si en el trabajo invisible lo hizo todo perfecto. Obligó a Maxi Pereira a subir apenas un par de veces al ataque. Atacó por fuera y por dentro. Y lo mejor de todo, jugó como si tuviese 26 años y fuese ficha del Barcelona. Cuando en realidad, tiene 18 y juega en el Granada. El límite lo pondrá su carácter. De resto, es imposible imaginarlo fallar.

7-    ¿Final de una Era? Probablemente. El ‘Maestro’ tiene un último reto. Rusia 2018. La salud y la reestructuración en la identidad futbolístoca de Uruguay serán sus jueces. Los héroes de Sudáfrica han ido cayendo. Y es un momento inmejorable para insertar en el proyecto a la nueva camada. En los brazos de Godín-Cavani-Suárez está el futuro próximo del gigante del mar del plata mientras se desarrolla la cantera. ¿Fracaso? Por supuesto, a esta selección nunca se le exigirá menos que estar en los 4 mejores. Por cierto. Nico Lodeiro en 10 minutos hizo sufrir a Venezuela. Frágil lectura del partido para el cuerpo técnico.

8-    Venezuela debe aprender a liquidar este tipo de partidos. Pues, son los que clasifican a un Mundial. Ayer, ese sufrimiento final pudo haber sido evitado. Mención especial para la línea defensiva. Vizcarrondo expelió todo – Excepto ese error del 1T -, González cada día se parece más en funcionamiento y en movimiento a Rosales. Feltscher, tiene todo lo que pedíamos de un lateral por la izquierda. Responsable con los metros a sus espaldas. Sin temor para reventar la pelota al costado, y preciso en las barridas. Wilker Ángel, entendió que este era su partido bisagra y así compitió. Como si mañana dejase de ser jugador. Él es una de las mejores noticias. La Vinotinto tiene central y futuro capitán por varios años.

Y 9- La grandeza se puede reconstruir. Y esta Copa es una hermosa oportunidad para competir en favor de una nación necesitada. Librando una guerra en el campo que sirve de fe para millones de venezolanos. Y Dudamel como líder tiene la misión de hacerles entender a los 23 guerreros trajeados de vinotinto que son los creyentes de un nuevo tiempo.